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domingo, 20 de junio de 2010

“Soy un gato sin gracia y sin siete vidas...”

Carlos Monsiváis a la distancia era tímido y hosco... sabía estar en el mundo y aislarse de él... su literatura es caótica, pero personalmente, no me caia, me caia hasta gordo si ustedes quieren, pero por ignorante, no porque fuera malo sino porque no conozco su obra, me basaba en mi sentimiento como persona...

Monsivais era cronista, no uno nombrado para tres años como pasa por aqui a capricho de los gobiernos municipales en turno, sino un cronista como lo que yo aspiro a ser y por eso aunque me caia gordo, lo tomare como modelo y ejemplo... primer paso a mi tarea? conocer su obra, palabra que si...

y la pregunta es... ¿quien cuidara los gatos?

Entre los varios autorretratos de Carlos Monsiváis, que pueden encontrarse tanto en las muchas entrevistas que concedió como de forma dispersa en su obra, está aquel en que se presenta como “un gato sin elasticidad, sin gracia y sin siete vidas”, es decir, un gato despojado de las virtudes indiscutibles de los gatos. Sobre esto explicaba: “Cuando pienso que tengo una sola vida, me gustaría ser gato, pero cuando observo mis movimientos observo que lo felino no se me dio. Creo que procedo con rapidez, pero no sé si es la rapidez que se dirige al abismo o es una rapidez más fructífera”.







Para entender al personaje adquiere gran importancia aquella “autobiografía precoz”, publicada a finales de 1966 y que, sin contar la Antología de la poesía mexicana del siglo XX, del mismo año, abre su extensa bibliografía. Confesaba ahí Monsiváis haber nacido en la Merced el 4 de mayo de 1938; proclamaba su intolerable afición al Distrito Federal y se presentaba al fin, sin más trámite, como “precoz, protestante y presuntuoso”. Esa autobiografía (en cuyo prólogo Emmanuel Carballo lo define como “humorista a pesar suyo”) cierra de un modo memorable: “Me apasionan mis defectos: el exhibicionismo, la arbitrariedad, la incertidumbre, el snobismo, la condición azarosa. No sé si pueda llevar a cabo una obra siquiera regular, pero no sirvo para las finanzas o la política. Me aterra terminar. Tengo 28 años y no conozco Europa”.



A la distancia era tímido y hosco; entre amigos llegaba a ser muy agradable. Sabía de todo y estaba al margen de todo. Sabía estar en el mundo y aislarse del mundo. Su literatura es felizmente caótica.



Si algún eje puede encontrarse en su escritura, es el interés por los movimientos sociales, entendido esto de un modo amplio e incluyendo en esa categoría el espectro cultural en una gama diversa: cine, teatro, salones de baile, historietas, poesía, graffiti...




Crítico de la izquierda dentro de la izquierda; crítico del que fue por décadas el “partido en el poder” cuando la disidencia no era aceptada. Antes del 2000, describía al PRI como “una maquinaria aplastante, cerrada, una red de complicidades que propicia en alta escala la corrupción, la ineficacia, el autoelogio y finalmente la ineficiencia y la gran improductividad”, y calificaba al partido prácticamente único, y su razón de ser que era el presidencialismo, como “rémoras brutales en la vida de México”.



Según Carballo, la prosa de Monsiváis se vale principalmente de cuatro mecanismos: la exageración, la comparación, la parodia y el entredicho. Un modelo personal asumido: Salvador Novo. En algún momento de los años ochenta y noventa, su antagonista natural fue Octavio Paz, quien en una polémica encendida dijo que Monsiváis no era un hombre de ideas sino de ocurrencias (cuando habría que corregir que era un hombre de ideas y de ocurrencias). Sus amistades también han sido muy definidas, y en particular deben mencionarse dos nombres: José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, compañeros de viaje. Detalló en 1993: “La de Pacheco era una amistad enloquecidamente literaria, de recorrer librerías, de comentar lecturas, de leer y criticar textos, de hablar compulsivamente de la vida literaria, de hacer antologías e incluso artículos políticos en común. De todo hubo. Y con Pitol tenía el vínculo del sentido de humor, que en él es extraordinario, y su manera de ver el mundo para mí fue muy formativa”.



En la contraportada de la autobiografía precoz se dice que entonces preparaba una novela, una biografía de Salvador Novo y una historia del cine mexicano, ¿cuáles fueron sus primeras ambiciones literarias? “La crónica literaria, la poesía, que no se me dio (y es un tema sobre el cual prefiero no abundar), el ensayo literario... Estaba yo en ese momento muy enfrascado en la poesía, y lo sigo estando pero cada vez con más humildad: decir algo sensato sobre la poesía es enormemente difícil, pero entonces pensaba yo que era de lo mas sencillo. Y me interesaba además el ensayo sobre literatura anglosajona. Es decir, no tuve nunca la idea de una literatura utilitaria sino múltiple; eso creo fue una ventaja comparativa que me permitió resistir lo que era la vida de la izquierda mexicana en los años cincuenta. Además, inapreciablemente tuve la amistad de Sergio Pitol y José Emilio Pacheco. Me era muy importante hablar sólo de libros con ellos.”



En cuanto a su papel posterior como caudillo cultural, en esa época de rudas oposiciones con Octavio Paz, ha dicho: “Sin ánimo de minusvaluarme, creo que sería prácticamente incapaz de dirigir grupo alguno. Si tengo problemas enormes con la mediocre conducción de ese grupo que soy yo mismo, la idea de manejar un grupo me está por completo vedada. Lo que había era dos posiciones, eso sí, pero de ninguna manera (y eso desde la perspectiva de hoy se ve muy claramente) había un intento acaudillante de mi parte, que me hubiera sido imposible”.



Carlos Monsiváis era un gato, sí, con gran elasticidad en su prosa, enorme gracia y precisión crítica en el ensayo y la crónica… De sus siete y más vidas queda registro en la muy amplia obra publicada, que va de Días de guardar a Apocalipstick, pasando por Amor perdido, Los rituales del caos, Aires de familia… y muchos otros títulos de garra igualmente felina. Un gato.



Cronología


Una vida intensa, un observador privilegiado


1938 Carlos Monsiváis Aceves nace el 4 de mayo en la Ciudad de México. De sus padres apenas si habló: su madre fue Esther Monsiváis. Su niñez la pasó en el barrio de la Merced; muy joven se mudó a la Portales, donde siempre vivió.




1954 Le tocó ver a Frida Kahlo en una silla de ruedas empujada por Diego Rivera en una manifestación en contra del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, con lo que se reafirmó su compromiso social.



1955 Ingresa a la Escuela Nacional de Economía y más tarde a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. De esa experiencia académica data su cercanía con la Máxima Casa de Estudios




1956 Mientras cursaba sus estudios comenzó su carrera periodística, como secretario de redacción de las revistas Medio Siglo, al lado de Carlos Fuentes, y de Estaciones, dirigida por Fernando Benítez.




1965 El cine fue una de sus grandes pasiones, aunque casi siempre desde el otro lado de la pantalla, si bien se cuenta su presencia en películas como Tajimara y en el cortometraje En este pueblo no hay ladrones.


1966 Sorprende al mundo literario con la publicación de su Autobiografía, en la que escribió “acepté esta suerte de autobiografía con el mezquino fin de hacerme ver como una mezcla de Albert Camus y Ringo Starr”.


1968 El movimiento estudiantil marcó un antes y un después en su vida, si bien “no estuve en la plaza, aunque sí en sus inmediaciones: llegué tarde cuando todo era confusión, miedo y versiones del pánico”.



1972 Se convierte en director del suplemento La Cultura en México, el suplemento de la revista Siempre!, el cual dirige hasta 1982, mientras participa en la fundación de diversos periódicos y revistas.


1985 El sismo de septiembre marcó su vida. A partir de la reacción de los ciudadanos se generó una sociedad civil que reemplazó a las autoridades; de ello dio cuenta en el libro Historias para temblar o No sin nosotros.


2006 Se inaugura en el Centro Histórico de la Ciudad de México el Museo del Estanquillo/Colecciones Carlos Monsiváis, que resguarda los esfuerzos de 40 años del escritor como coleccionista.




2008 Diversas instituciones unen esfuerzos para rendirle un homenaje nacional, al cumplir 70 años de vida. Recibe la Medalla de Oro de Bellas Artes y la Medalla 1808, otorgada por el Gobierno del Distrito Federal.

2010 Surgen los rumores acerca de su estado de salud. El 2 de abril ingresa al Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán” por insuficiencia respiratoria. Ya no volvió a salir.

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